lunes, 19 de junio de 2017

Las claves de la directiva audiovisual europea


Directiva de Servicios de Comunicación Audiovisual 
El primer marco de normas comunes para la regulación europea de la radiodifusión televisiva lo encontramos en la Directiva TSF («televisión sin fronteras») de 1989. En 2010, esta normativa y sus posteriores enmiendas de 1997 y 2007 se refundieron en un único texto, la Directiva de servicios de comunicación audiovisual (DSCAV), que en la actualidad es la piedra angular de la regulación de los medios de comunicación en la UE.
¿Cuál es su objetivo?
La meta de la propuesta es aplicar a las plataformas online reglas similares a las que ya regulan los 5.141 canales de televisión que existen en la UE y lograr así un equilibrio entre la competitividad y la protección del consumidor. Por eso, se prevé introducir flexibilidad en aquellos casos en los que ya no están justificadas las restricciones aplicables únicamente a la televisión, fomentar las películas europeas, proteger a los menores y hacer frente al discurso del odio con más eficacia.
El ámbito de aplicación de la directiva se amplía para incluir, por primera vez, a las plataformas en línea, como Netflix o Amazon Prime, a las que reclama que hasta un 20% de su catálogo sea de producción europea, una cifra que la Eurocámara quiere elevar hasta el 30%. Además, la propuesta exige a plataformas como YouTube que eliminen cualquier incitación a la violencia y al odio y que se proteja a los menores de la pornografía.
¿Por qué ahora?
Aunque la pantalla de televisión convencional sigue siendo un dispositivo muy utilizado, cada vez son más los espectadores que acceden a contenidos a la carta desde pantallas más pequeñas (smartphones o tabletas).
Asimismo, el número de proveedores de televisión a través de internet, vídeo a la carta (VOD) y over-the-top (OTT) dirigidos a los espectadores de la UE ha aumentado rápidamente y a día de hoy es una de las actividades favoritas de los niños en Internet. Este cambio enfrenta a los reguladores con dilemas complejos, como el de proteger a los menores de contenidos nocivos y prohibir la incitación al odio garantizando al mismo tiempo la libertad de expresión.
Como consecuencia, los actores tradicionales de radiodifusión televisiva tienen que adaptarse a una constante transformación para asegurar su posición en el mercado. Sin embargo, la radiodifusión de televisión, el vídeo a la carta y los contenidos generados por los usuarios están sujetos actualmente a normas diferentes y distintos niveles de protección al consumidor.

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